La propaganda de MC volvió a colarse en las aulas públicas de Nuevo León. En días recientes, escuelas estatales comenzaron a exigir el uso de uniformes con color naranja y logotipos oficiales. La medida sorprendió a madres y padres. Además, abrió un nuevo debate sobre el uso político de la educación básica y la falta de sensibilidad institucional.
Desde la autoridad educativa se intentó minimizar el tema. Sin embargo, los avisos internos y los mensajes enviados a familias cuentan otra historia. La propaganda de MC aparece ahora en prendas que niñas y niños deben portar de forma obligatoria. El fondo del problema no es solo el color, sino el mensaje que se impone desde el poder.
Imposición Del Uniforme Naranja En Escuelas Públicas
Durante enero de 2026, directivos de secundarias públicas notificaron cambios en el uniforme escolar. En planteles del área metropolitana se indicó qué días debía usarse el conjunto estatal. El aviso llegó por circulares y grupos de mensajería. En algunos casos, también se publicó en redes sociales oficiales de las escuelas.
La instrucción señaló que el uniforme fue “donado” por la administración estatal. Incluye playera naranja, chaquetín con detalles verdes y blancos, pants verdes y tenis con franjas naranjas. El logotipo gubernamental aparece de forma visible. Para muchas familias, la decisión se comunicó con muy poco tiempo de anticipación.
Ante los reclamos, la autoridad afirmó que cada plantel decide cuándo usar los uniformes. No obstante, madres y padres consideran que la orden vino de arriba. Señalan que no hubo consulta previa. Tampoco se explicó por qué el uniforme institucional quedó relegado frente al estatal.

Padres Acusan Uso Político De La Educación
La reacción social no se hizo esperar. Familias cuestionaron que sus hijas e hijos porten símbolos ajenos a la identidad escolar. Para ellos, la propaganda de MC en la vestimenta normaliza la promoción política en espacios formativos. Consideran que la escuela pública debe ser neutral.
Algunos padres reprocharon que el logotipo gubernamental sustituya al escudo del plantel. Otros criticaron el tono de la medida y la falta de opciones. También hubo quejas por tallas incorrectas y por el gasto extra para ajustar prendas. Todo ocurrió en medio del ciclo escolar, sin planeación clara.
El malestar creció cuando se recordó que las empresas proveedoras del uniforme han recibido contratos relevantes. Para las familias, el tema ya no es solo estético. Es una decisión que mezcla educación, dinero público y promoción política, sin rendir cuentas claras.

Empresas Proveedoras Y Silencio Del Estado
Los uniformes fueron surtidos por compañías que ya habían sido señaladas por contratos previos. La relación entre proveedores y funcionarios genera dudas razonables. Aun así, el Estado evitó fijar una postura firme. Se limitó a deslindar responsabilidades en las escuelas.
Mientras tanto, las circulares fueron retiradas de algunas páginas oficiales. El problema, sin embargo, ya estaba expuesto. La propaganda de MC quedó visible en patios y salones. Para muchos padres, esto confirma una práctica recurrente: usar programas públicos para posicionar una imagen política.
El debate sigue abierto. No se trata de un color. Se trata del mensaje que se impone a menores de edad. También del respeto a la comunidad escolar. En lugar de mejorar infraestructura o atender rezagos, la administración vuelve a priorizar la forma sobre el fondo. Y la educación paga el costo.
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