La llamada Junta de Paz impulsada por Donald Trump ya es una realidad formal. Su estatuto entró en vigor tras una ceremonia de firmas realizada en Davos, Suiza, en el marco del Foro Económico Mundial. Desde ahí, el propio Trump anunció que el organismo se convierte en una organización internacional oficial, con la ambición de influir de forma directa en la agenda global de seguridad y reconstrucción.
El anuncio no pasó desapercibido. Trump describió a la Junta como una de las organizaciones “más relevantes jamás creadas” y afirmó sentirse honrado de presidirla. Además, aseguró que su funcionamiento inicial ha sido exitoso y que “casi todos los países quieren ser parte de ella”, una declaración que generó tanto interés como escepticismo entre diplomáticos y analistas internacionales.

El contexto del anuncio también fue relevante. En Davos, Trump aprovechó el foro para insistir en que las amenazas globales hacia Europa, Estados Unidos y Medio Oriente “se están calmando”. Según su narrativa, el mundo hace un año estaba al borde del colapso y ahora vive un momento de estabilización. En ese marco, presentó la Junta de Paz como una herramienta flexible, capaz de actuar con rapidez y sin las limitaciones que, según él, afectan a otros organismos multilaterales.
Origen Y Objetivos De La Junta
La Junta de Paz fue concebida originalmente para intervenir en el conflicto entre Israel y Hamás, particularmente en la Franja de Gaza. La idea inicial era contribuir al fin de la guerra y supervisar la reconstrucción del territorio, devastado tras años de enfrentamientos y bloqueos. Sin embargo, con el paso de las semanas, el alcance del proyecto se amplió de forma significativa.
Un borrador del estatuto, filtrado a medios internacionales, no hacía referencia directa a Gaza. En cambio, describía a la Junta como una organización internacional con atribuciones amplias en materia de consolidación de la paz, bajo el marco del derecho internacional. Esa omisión encendió alertas, ya que varios expertos interpretaron el documento como un intento de sustituir, o al menos competir, con la Organización de las Naciones Unidas.
Durante la ceremonia de firmas, Trump buscó matizar esa lectura. Afirmó que la Junta trabajará “en colaboración con las Naciones Unidas” y reconoció que la ONU tiene un “enorme potencial”. No obstante, sus críticas previas al organismo internacional siguen pesando. Para Trump, la combinación de esfuerzos entre la Junta de Paz y la ONU sería algo “único en el mundo”, capaz de abrir un nuevo camino hacia la estabilidad en Medio Oriente.
Dentro de este esquema, se anunció la creación de una Junta Ejecutiva de Gaza, encargada de supervisar el trabajo en territorio palestino. Según la Casa Blanca, este órgano coordinará un grupo administrativo local, con el objetivo de gestionar la reconstrucción y garantizar condiciones mínimas de gobernabilidad en la zona.
Cómo Funcionará La Junta De Paz
Más allá de los discursos, el funcionamiento interno de la Junta de Paz ha sido uno de los puntos más controvertidos. El estatuto filtrado establece una estructura altamente centralizada. El presidente del organismo, cargo que recae en Donald Trump, tiene amplios poderes: puede vetar decisiones, aprobar agendas, invitar a nuevos miembros, disolver la Junta e incluso designar a su propio sucesor.
El documento también señala que la Junta entró en vigor una vez que tres Estados acordaron formalmente su adhesión. Los países miembros tendrían mandatos renovables de tres años. Además, se otorgarían puestos permanentes a aquellos Estados que aporten al menos mil millones de dólares, un requisito que ha sido duramente cuestionado por su carácter excluyente.
Trump no solo fue nombrado presidente, sino también representante de Estados Unidos dentro del organismo. Desde esa posición, tiene autoridad para designar a los integrantes de la junta ejecutiva y para crear o eliminar órganos subsidiarios según lo considere necesario. Esta concentración de poder ha llevado a algunos analistas a comparar la estructura de la Junta con la de una corporación privada más que con un organismo multilateral tradicional.
La Casa Blanca anunció recientemente a los siete miembros fundadores del Comité Ejecutivo. Entre ellos se encuentran el secretario de Estado Marco Rubio, el presidente del Banco Mundial Ajay Banga, el enviado especial a Medio Oriente Steve Witkoff, el yerno de Trump Jared Kushner y el ex primer ministro británico Tony Blair. La composición refuerza la percepción de que se trata de un círculo político y económico muy reducido.

Países Invitados Y Críticas Globales
A la ceremonia de firmas asistieron líderes y representantes de 19 países, entre ellos Argentina, Paraguay, Indonesia, Jordania, Kazajstán, Marruecos, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Turquía. Uno de los ausentes más llamativos fue Israel, a pesar de haber anunciado su adhesión. El presidente israelí Isaac Herzog se encontraba en Davos, pero no participó en el acto, sin que se ofreciera una explicación oficial.
La lista de invitados también generó tensiones entre aliados tradicionales de Estados Unidos. Reino Unido recibió una invitación formal, pero su canciller Yvette Cooper expresó reservas, especialmente por la posible participación del presidente ruso Vladimir Putin. Francia y otros países europeos, por su parte, han optado por mantenerse al margen.
Trump aseguró antes de Davos que Putin había aceptado unirse a la Junta. Posteriormente, la agencia estatal rusa TASS informó que el mandatario estaría dispuesto a transferir mil millones de dólares en activos rusos al organismo, fondos que podrían provenir de recursos congelados en Estados Unidos. Esta posibilidad añadió un nuevo nivel de controversia al proyecto.
China también fue invitada, pero manifestó serias dudas. El gobierno chino reiteró su respaldo al sistema internacional centrado en la ONU y cuestionó el verdadero alcance de la Junta de Paz. Medios estatales chinos fueron más duros y plantearon si el organismo no es, en realidad, un “club privado” con un costo de entrada de mil millones de dólares.
Mientras tanto, en Davos, Jared Kushner presentó un proyecto de reurbanización para Gaza. Mostró diapositivas con rascacielos futuristas junto al mar y promesas de turismo costero. Para algunos, se trata de una visión de reconstrucción ambiciosa. Para otros, es una señal de que la Junta de Paz podría priorizar intereses económicos y geopolíticos por encima de soluciones multilaterales tradicionales.
Array









