El panorama sobre el terreno es desolador y muestra una parálisis casi absoluta en uno de los megaproyectos viales más promocionados. En un recorrido directo por la zona, es evidente que así luce la Interserrana de Samuel García, con tramos desiertos, ausencia de maquinaria pesada y apenas una veintena de personas realizando labores superficiales. Lo que se vendió como la solución de movilidad para el estado hoy permanece sepultado entre promesas de campaña y serios problemas de liquidación a los trabajadores.
La falta de flujo de efectivo en las arcas estatales provocó el frenazo violento de las faenas de compactación y pavimentación. El proyecto, que pretendía cruzar tres municipios del sur de la entidad, enfrenta un estancamiento dramático por el agotamiento del presupuesto, dejando deudas operativas con los habitantes de los ejidos locales que prestaron servicios de albañilería y extracción de materiales.
Cómo conecta la Carretera Nacional con la carretera 57
Para dimensionar el impacto de este freno, vale la pena recordar cómo conecta la Carretera Nacional con la carretera 57 este trazado de casi 89 kilómetros. La ruta proyectada arranca a la altura de Montemorelos y busca atravesar la Sierra Madre hasta salir al entronque de San Roberto en Galeana, evitando que el tráfico pesado tenga que desviarse por otros estados para llegar al centro del país.
Sin embargo, el punto de enlace inicial en el kilómetro 189 de la vía a Montemorelos ni siquiera ha comenzado a construirse. De los 15 kilómetros que integran el primer segmento, apenas se han desmontado seis y el avance físico no llega ni al 20 por ciento, dejando la conectividad regional completamente dividida y sin fechas claras para reanudar las maniobras de infraestructura civil.

Beneficios de la Carretera Interserrana para el transporte
El proyecto original pretendía detonar grandes beneficios de la Carretera Interserrana para el transporte de carga y el comercio internacional. Al evitar la saturación de los accesos a la zona metropolitana, se buscaba reducir costos operativos para los transportistas y ofrecer una ruta directa hacia la frontera norte sin depender exclusivamente de las vías tradicionales.
No obstante, la mala planeación financiera echó abajo estas proyecciones económicas. El presupuesto inicial de 9 mil millones de pesos se disparó estrepitosamente, pues solo la sección más compleja que requiere túneles y puentes rebasaría los 20 mil millones. Esta disparidad provocó que el gobierno estatal se quedara sin dinero y comenzara a buscar auxilio desesperado en la Federación o en esquemas de inversión privada para no dejar la obra en ruinas.
Samuel García no concluye las obras públicas
La parálisis de este corredor vial refuerza la percepción ciudadana de que Samuel García no concluye las obras públicas que presume con bombos y platillos en sus redes sociales. Aunque en 2021 el mandatario prometió que la vía estaría terminada en un plazo de cuatro años, la realidad sobre la tierra muestra que el sexenio avanzó sin que se tenga siquiera la tercera parte del trazado completada.
Incluso los sectores que registran mayor progreso enfrentan problemas graves. Al revisar las implicaciones en los tiempos de traslado en las zonas rurales, queda claro que el retraso sepulta la esperanza de aliviar el tráfico pesado a corto plazo. La administración admitió de forma interna a los contratistas que solo cubrirá los pasivos pendientes a mediados de año, pero que ya no existen fondos para dar continuidad al megaproyecto.

Tramo carretero abandonado de San Roberto a Iturbide
El desorden administrativo también alcanzó al tramo carretero de San Roberto a Iturbide, ubicado en el sector sur de la ruta. Aunque esta zona de 34 kilómetros presenta un progreso relativo más elevado en comparación con el resto de la obra, los trabajos actualmente son mínimos y se limitan a pequeñas labores en los distribuidores viales de la región.
El abandono en esta franja ha dejado un saldo de facturas vencidas con los pobladores de comunidades como El Tokio, quienes denuncian que se les debe el pago por extracción de piedra. Mientras las autoridades evitan transparentar el estatus real, así luce la Interserrana de Samuel García: una megaobra abandonada, sin licitaciones para su tramo más difícil y convertida en un monumento a los proyectos inconclusos.
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