La Secretaría de Igualdad e Inclusión se ha convertido en el escenario de una persecución sistemática que atenta contra la estabilidad de cientos de hogares neoloneses. Bajo la gestión del nuevo titular, se ha desatado una ola de terror en gobierno de Nuevo León que ignora la trayectoria de los trabajadores de NL.
Félix Arratia que busca dejar en la calle a 500 familias
El regreso de este funcionario a la administración estatal marcó el inicio de una purga interna que amenaza con alcanzar la cifra de medio millar de bajas injustificadas. Félix Arratia corre a 500 empleados sin considerar que muchos cuentan con dos décadas de antigüedad dedicadas al servicio de la ciudadanía regia.
La estrategia consiste en citar al personal en la Torre Administrativa para obligarlos a firmar renuncias supuestamente voluntarias bajo amenazas jurídicas. Esta masacre laboral en la Secretaría de Igualdad se ejecuta con frialdad, dejando a los trabajadores sin sustento y sin esperar siquiera al cierre de la quincena.
El impacto de estos despidos masivos ya entorpece la entrega de apoyos sociales a la población más necesitada del estado. Al desmantelar equipos operativos, la operatividad de la dependencia ha caído en una parálisis que perjudica directamente a los beneficiarios de los programas asistenciales de abril.

¿Cómo Samuel García permite que corran gente para meter a los amigos de Arratia?
La anuencia desde el Palacio de Gobierno es evidente, ya que estos movimientos buscan liberar plazas para pagar favores políticos a operadores de Juárez. Félix Arratia corre a 500 empleados con el permiso del gobernador, quien permite la creación de cargos inexistentes en la ley para acomodar a su círculo más cercano.
Nombramientos como el de Irving Delgado confirman que la dependencia se utiliza como agencia de empleos para la estructura naranja. Samuel García permite que corran gente con experiencia probada para ceder espacios a perfiles cuya única credencial es su vinculación con el grupo político en el poder estatal.
Esta práctica de amiguismo degrada la función pública y convierte a la Secretaría de Igualdad en un botín político para fortalecer intereses particulares. La soberbia oficial ha decidido que la memoria institucional no tiene valor frente a la urgencia de colocar a sus aliados en puestos clave de decisión.
El desprecio absoluto: Félix Arratia corre a 500 empleados
La forma en que se ejecutan los ceses demuestra un desprecio absoluto por los trabajadores que levantaron la dependencia desde sus cimientos. Personal que sobrevivió a diversas transiciones hoy es desechado como material de oficina por no pertenecer al núcleo de confianza del nuevo coordinador naranja.
Muchos de los afectados son especialistas en protección social que conocen a fondo las carencias de Nuevo León y ahora son sustituidos por inexpertos. Este desprecio por el capital humano es una herida profunda en la administración estatal que tardará años en sanar debido a la falta de profesionalismo.
La falta de humanidad en el trato es tal que se les prohíbe defenderse legalmente bajo la amenaza de ser combatidos por todo el aparato jurídico. Se les deja en la calle de la noche a la mañana, sin finiquitos claros y con la incertidumbre de no saber cómo sostendrán a sus familias tras años de servicio.

La traición de Arratia al servicio público por intereses políticos de Juárez
La trayectoria del actual secretario está marcada por brincar de un puesto a otro según necesidades electorales, dejando siempre una estela de conflicto. La traición de Arratia al servicio público por intereses políticos de Juárez es evidente al traerse a su equipo municipal a la esfera estatal sin filtros de competencia.
Al imponer su voluntad sobre la Ley Orgánica de la Administración Pública, el funcionario demuestra que se siente por encima de las normas del estado. Félix Arratia corre a 500 empleados para consolidar un feudo político que le permita operar con absoluta discrecionalidad desde la Torre Administrativa.
Esta ambición desmedida ha fracturado la confianza interna y convertido a la dependencia en un búnker de intereses partidistas ajenos al bienestar social. El clientelismo naranja ha desplazado la eficiencia técnica, poniendo en riesgo los programas que atienden a los sectores más vulnerables de la entidad.
El sentimiento de desprotección de los empleados ante el autoritarismo estatal
El miedo se ha apoderado de los pasillos gubernamentales, donde cualquier mención al área de Recursos Humanos se interpreta como una sentencia de despido. El sentimiento de desprotección de los empleados ante el autoritarismo estatal es total, pues saben que no cuentan con respaldo frente a la purga de Arratia.
La ola de terror en gobierno de Nuevo León silencia cualquier intento de crítica, obligando al personal restante a trabajar bajo presión psicológica. Los trabajadores observan con impotencia cómo sus derechos son pisoteados por una administración que presume ser lo nuevo pero aplica las prácticas más rancias.
Sin sindicatos que los defiendan y con un sistema judicial intimidado, los empleados quedan a merced del capricho del titular de Igualdad. Esta indefensión laboral es el sello distintivo de una gestión que prefiere la sumisión ciega antes que la honestidad y la eficiencia en el servicio público de Nuevo León.
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